Pareciera que el avance tecnológico de los últimos tiempos ha sido proporcionalmente inverso al incremento del empleo de la creatividad en la TV mexicana.
Uno de los aspectos en los que este deterioro resulta mucho más notable, es sin duda, la falta de escritores; a tal grado llega la crisis que los productores se han visto obligados (nada cómodos ellos, faltaría más), a emplear historias de éxito probadas con anterioridad, ya que no hay quién pueda generar productos que tengan rating.
Las telenovelas son las mismas, los programas son casi iguales, los formatos no cambian y no son capaces de adaptarse a un nuevo tiempo.
La creatividad, definitivamente, no se vende por kilos en el changarro de la esquina.
El punto es que si no hay escritores es porque también la capacidad y talento de los productores mexicanos ha ido en picada desde hace ya varios años; no hay escritores porque los productores no les buscan y porque no quieren pagar los servicios de buenas plumas. Hay una severa crisis de creativos en la televisión mexicana.
La fórmula se ha ido cerrando a tal grado que en lugar de ponerse a crear, resulta mucho más sencillo el "refritear" programas de otros países, lo que en muchos de los casos no redunda en buenos resultados.
A pesar de que los centros de capacitación en diversas ramas aparecen como la hierba a todo lo largo y ancho del país, lo cierto es que cada vez se puede apreciar un nivel mucho mayor de improvisación y "pocoimportismo" en la pantalla chica. De la cabeza a los pies, las nuevas generaciones han despedazado una larga historia de creatividad, talento, ingenio y brillo de las producciones mexicanas.
De nada sirve la high definition TV y todos los equipos de punta con que ahora se cuenta, si no se tiene lo esencial, lo básico, lo fundamental: creatividad.
Las dos televisoras de alcance nacional tienen el mismo mal, pero en TV Azteca el asunto toma mayores proporciones. Pocos son sus productos notables y cuando alcanzan, por cualquier circunstancia, dar un campanazo, ellos mismos se encargan de matarle a fuerza de repetir la fórmula, sin innovar, sin moverle, sin tocarle, sin adaptarle y en cuestión de meses matan a la gallina de los huevos de oro.
Triste es que las nuevas generaciones piensen que todo se centra en los efectos, en las caras bonitas, en el derroche de recursos y se olviden del principal de ellos: el talento.
Sin creatividad no hay nada y podrán tener el mejor equipo técnico, pero nunca emularán los éxitos de antaño, las grandes producciones que se hacían con poco equipo, pero mucha cabeza y más corazón.